
Jueves 7 de mayo de 1981
Durante las últimas décadas, nuestros países han competido en una carrera de desarrollo medida siempre en términos de crecimiento cuantitativo del Producto Interno Bruto.
Aumentar la cantidad fue la consigna. Se dio la espalda a la calidad de la vida, los valores, tradiciones y actitudes de los pueblos para tratar de imponer un modelo importado de sociedad y consumo basado en la acumulación de bienes como medida de progreso y éxito. Los medios de comunicación cumplieron bien su cometido en propagar estos conceptos porque deben su existencia a los productos que se anuncian.
Pues bien, la energía que queda disponible no permite continuar con esa forma de vida, ni siquiera a los pueblos y países más poderosos. Ya no es cuestión de plata; simplemente no hay suficiente energía para seguir produciendo cosas innecesarias que son suntuarias, es decir, lujos. Los carros grandes, bonitos y potentes irán desapareciendo para darle paso al carro funcional, barato y que consuma poca energía.
Mientras desarrollemos la tecnología para aprovechar el sol como la energía renovable del futuro, seguiremos agotando las limitadas y cada vez más costosas fuentes de energía no renovables, de que hemos venido disfrutando como si fuesen ilimitadas: el petróleo, el carbón, y los peligrosos e impopulares reactores nucleares.
Estamos pues en una época de transición fundamental y estructural de valores, forma y contenido de vida. No podemos, aunque quisiéramos y tuviésemos el dinero, continuar evolucionando con base a criterios cuantitativos tradicionales. ¡Se acabó la cantidad! Debemos ahora prepararnos y preparar a las nuevas generaciones para el cambio. El sector educativo tendrá la máxima responsabilidad de hacerle frente a este reto histórico. Tenemos que comenzar por explicarles lo que a nosotros nunca nos explicaron: que el mundo evoluciona controlado y regulado por las leyes físicas de la termodinámica y su fenómeno de la entropía, y que hemos construido un modelo de sociedad totalmente violatorio y opuesto a esas leyes físicas; y que nos toca ahora aceptar que tenemos que adaptarnos a la naturaleza, y desistir de adaptar y pretender cambiar la naturaleza para nuestra comodidad. Tenemos que desarrollar patrones de consumo humano que sean consistentes con una forma de producción a tono con la naturaleza. No podemos seguir consumiendo más rápido de lo que la tierra produce. Hay que darle la bienvenida al balance ecológico y a los valores cualitativos de la vida. Hay que desarrollar índices de desarrollo cualitativos que reemplazarán los obsoletos cuantitativos.
Y de esto no se escapan ni los países socialistas que han practicado su Capitalismo de Estado.
