Martes 16 de junio de 1981

Ya se está comenzando a comprender que vivimos en un planeta de recursos escasos desigualmente distribuidos que además han sido explotados inmisericordemente. El creciente costo de la energía hará físicamente imposible seguir creciendo en los términos cuantitativos tradicionales. Es importante, entonces, explicar cómo es que tenemos que reorganizar termodinámicamente nuestra producción nacional, que no es otra cosa que la riqueza nueva que producimos internamente entre todos en Panamá: sector público y privado. Habrá que poner esa riqueza a dieta y a hacer ejercicios porque tiene grasa en exceso y ha perdido la poca buena salud que tenía, quedando, por lo tanto, en pésimas condiciones físicas. Se cansa rápidamente, y no puede trabajar a su capacidad, se ahoga, se le sube la presión, se sobrecarga el corazón y hasta sufre de ansiedad. Hay pues que asumir que nuestra riqueza nacional, para que alcance para todos y se distribuya equitativamente entre quienes la producen, debe ser enfocada como un organismo (como en efecto es un sistema integrado e interconectado todo entre sí con vida propia) que tiene que ser sometido a una dieta estricta y a un programa de rehabilitación física. Ahora bien, la dieta no quiere decir abstinencia ni pasar hambre, sino “seleccionar” las cosas que no hacen daño sino provecho y desechar las que engordan y afectan el organismo. Hay mucho que comer que es positivo y necesario para la salud.

El ejercicio físico tampoco quiere decir convertir el organismo de la riqueza nacional en su atleta profesional, sino simplemente ponerlo en condiciones físicas satisfactorias para evitar que fallezca de un infarto y para que tenga sus resistencias al máximo para evitar infecciones que lo obliguen a guardar cama o de otra forma le bajen su capacidad de producir.

Con estos dos objetivos podemos convertir al producto interno bruto en un caudal de riqueza que, sin crecer casi anualmente (como no lo va a poder lograr “eficientemente” de ninguna forma) se le eliminen los bienes y servicios “grasosos”, “innecesarios¨ y ¨perniciosos” que han venido y seguirán impidiendo que los bienes y servicios musculosos “necesarios” y “saludables” crezcan y se distribuyan mejor entre la población que los produce. Digamos como un ejemplo, que del Producto Nacional de 3 mil millones de dólares a precios corrientes que producimos en 1980, hay un 25% de “grasa innecesaria y perniciosa” que podemos eliminar, pues estamos hablando de que nuestra economía tiene una capacidad de ahorro real interna de 750 millones que podemos generar con la dieta y los ejercicios, en un programa que se elabore para, como los gordos, ponerla en pocos meses o años en “línea”. Este ahorro es invertido en puro músculo necesario y saludable para tener más fuerza para producir más y apreciar mejor la vida en su concepto ecológico con el nuevo enfoque que nos trae una vida sana y natural con ejercicios físicos. Está comprobado, además, que los ejercicios físicos producen un cambio químico en el organismo y en el cual se quema mucha energía negativa producida por las insatisfacciones de la vida “moderna” que causa resentimientos, deseos de agresión y ansiedad.

Tenemos que aceptar que el tipo de comida y la forma de vida de nuestro organismo nacional, lo ha llenado de grasa (desempleo) y lo ha aumentado demasiado de peso (inflación), lo que le ha traído una reducción en su rendimiento cada año (petróleo) están más escasos y más caros, no podrá seguir comiendo la misma comida ni engordando (para su bien). ¡Hay que cambiar de menú y empezar a hacer ejercicios! Al eliminar la grasa y rebajar de peso, eliminaremos el desempleo y la inflación, para poder producir y compartir con más justicia, logrando una mayor felicidad; base necesaria para una real y duradera paz social.

Esta ruta será más sacrificada para unos que para otros según el exceso de peso actual y el tipo desordenado de vida que lleven y la falta de carácter demostrada hasta ahora. Sin embargo, es una necesidad dentro de un plan de medicina preventiva que beneficiará a todos los panameños.

El no adoptar los cambios voluntariamente y a tiempo nos hará, sin lugar a duda, pagar un precio mucho mayor después.