
Martes 11 de agosto de 1981
No me refiero a las dictaduras de ciertos gobiernos que prevalecen en el mundo con distintos grados de opresión, libertades, caras o fachadas civiles o militares. Me refiero al hecho más profundo que olvidamos con frecuencia de que las generaciones presentes representan una dictadura para las futuras, por el simple y obvio hecho de que al no haber nacido no pueden expresarse ni ser oídas. Esta realidad ha convertido a casi todos los países (China pudiese ser excepción) en dictaduras o monopolios, aunque practiquen la mejor de las democracias o monarquías que gobiernen para el bien común. No hemos sido educados ni nos hemos organizado para salvaguardar los derechos de las generaciones futuras. A lo más, trabajamos para nuestros hijos; al hacer, crecer, educarse y comenzar a trabajar estos forman ya parte de la generación que existe y se expresa. Por eso quizás la juventud viene cada vez siendo más rebelde, cuando aprecia (o más bien desprecia) ¿cómo se comportan los que controlan la generación de turno? ¿Cómo se expresarían hoy las generaciones que vendrán si pudiesen ser oídas, al ver cómo se despilfarran los recursos del país, hipotecando inmisericordemente los ingresos que ellos devengarán, contaminando el aire que deberán respirar, los ríos y vegetación que necesitarán para su subsistencia, y destruyendo la fertilidad de la tierra apta para producir alimentos con el uso de técnicas destructivas?
Es por esa triste realidad en que avanza o evoluciona la humanidad, quizás, que la economía resulta para muchos ya una frustración más o una ciencia incapaz de ofrecer la justicia social que esa misma humanidad ha esperado de ella. ¿Cómo pueden los precios de hoy ser garantía de la disponibilidad, cantidad y calidad de los recursos del país a que tienen derecho las futuras generaciones de panameños? Si la ciencia económica no es capaz de satisfacer las necesidades de la generación presente, ni de controlar la pobreza, el desempleo y la inflación, ¿cómo pensar siquiera que puede hacer algo por los panameños que no han nacido y estarán encargados de continuar nuestra labor? Es como una competencia de natación con relevos, en la que los últimos relevos nadarán en un agua sucia, contaminada, bajo una fuerte lluvia, en una piscina deteriorada y peligrosa y con muy poca agua.
Muchos parecen olvidarse, y en especial los mismos economistas, que el proceso o actividad económica no es otra cosa que la transformación de energía y materia útil y disponible en energía inútil e inaprovechable; o sea que el hombre “sólo” puede satisfacer sus necesidades aumentando la entropía, es decir, el desperdicio; y disminuyendo los recursos limitados disponibles. Y también se olvidan de que el sentido de la actividad económica es uno, único e irreversible. Transformada la energía y la materia no puede revertirse el proceso. Si puede repetirse en el mismo sentido utilizando más energía y materia no transformada todavía, pero no puede revertirse o invertirse el proceso. No puede transformarse energía ni materia de su forma ya aprovechada a su forma original aprovechable. Y como nuestros recursos son finitos, mayor desarrollo económico quiere decir mayor explotación de esos recursos lo que a la vez significa una menor expectativa de vida para la especie humana; es decir, menos generaciones futuras. Más dictadura en el presente.
La forma en que debe organizarse el hombre en cualquier país para satisfacer las necesidades de su generación y prever para las futuras, no es pues tarea que la economía puede atacar ella sola. Por eso es que ya se especula que la importancia de la economía irá disminuyendo hasta reducirse a una parte de la ecología; en la misma forma en que la física avanza hasta llegar a ser absorbida por la biología.
Todo lo anterior no hace sino confirmar la convicción generalizada hoy día de que estamos viviendo una etapa crucial de nuestra evolución, de que estamos ya en una era de transición fundamental, de cambio de vida, de cambio de valores, de cambio de creencias, de sistemas e instituciones, pero con la clara evidencia de que esa transición lejos de ser fácil será difícil, complicada y tormentosa, por lo menos para aquellos pueblos que se resistan a los cambios y no se preparen para ellos. Es en ese túnel oscuro, en el que no habría mucha o suficiente luz para todos, en el que deberán surgir los nuevos dirigentes o nuevas dirigencias (no sabemos si serán individuales como en el pasado o colectivas) como resultado inexorable del proceso de selección natural que gobierna la evolución de nuestro reino animal (y del cual somos su más sofisticado espécimen).
Hagamos un alto en nuestra rutina diaria y pensemos los panameños seriamente, entonces, si seremos de aquellos que sobrevivirán con éxito, porque supimos prepararnos a tiempo, demostrando conciencia, responsabilidad y respeto por nuestras generaciones futuras; o seremos aquellos que serán juzgados en el mañana por haber destruido el pedacito de tierra que nos fue encomendada (ya organizado incluso como país) para legarlo con todas sus riquezas a las generaciones que esta tierra nuestra puede y es capaz de dar a luz.
