
Martes 25 de agosto de 1981
La transición estructural que vivimos al tener que evolucionar de una sociedad que se alimenta y divierte a base de una economía que depende de recursos energéticos no renovables, a una economía que utilizará energía renovable (como la solar), nos obliga a tener conciencia de la naturaleza integral del problema creado por el hombre para llegar a la crisis actual de estanflación (estancamiento económico con inflación). Nicholas Georgescy-Roegen, el renombrado economista rumano es considerado el pionero de la lucha por incorporar las leyes físicas de la termodinámica al estudio de la economía. Igualmente es quien ha logrado integrar modelos económicos basados en las realidades biológicas y físicas del hombre y del mundo físico y finito que habitamos. El problema fundamental de la forma de vida del hombre es que es la única especie animal que ha desarrollado instrumentos o medios exosomáticos para satisfacer sus necesidades, es decir, medios ajenos a su organismo. Las demás especies utilizan instrumentos endosomáticos, o sea medios que son adquiridos por el organismo al nacer: manos, piernas, alas, colas, garras, etc. El hombre desarrolló formas de extender sus medios endosomáticos para aumentar sus fuerzas y poder en la satisfacción de sus necesidades. Al hacer esto, el hombre trascendió sus límites biológicos con instrumentos, equipos o maquinarias exosomáticas. Pero esta incursión no fue temporal ni complementaria, sino que ha sido total y excluyente de sus medios biológicos. El hombre ha desarrollado, aún más, una adicción a los medios exosomáticos de la vida para lograr y mantener el confort o comodidad que ha conocido con ellos, y ya no se adapta a vivir con la naturaleza, sino que lo tiene que hacer de espaldas a ella y aislado de ella, creando su propio mundo. Se trata entonces de un problema biológico del hombre en el uso de medios para satisfacer sus necesidades en forma diferente a las demás especies de animales. Y no siendo exclusivamente biólogo el problema porque la satisfacción de las necesidades es el problema de la economía, la naturaleza del problema entonces bio-económico. Y lo que sucede es que el uso de instrumentos o medios exosomáticos por parte del hombre depende a su vez del uso y transformación de energía y materia. La materia de nuestro planeta es finita y por ende la velocidad con que se utilice y la cantidad que se utilice determina el saldo que le quedarán a las generaciones futuras. Por algo Georgescu-Roegen ha popularizado la frase de que “cada Cadillac significa menos rejas de arado para algunas generaciones futuras, e implícitamente menos seres humanos en el futuro”. Por otro lado, la energía que ha utilizado el hombre en forma intensiva en este siglo para transformar la materia, para movilizarla y para transportarse él mismo, ha sido el petróleo; e incluso de él ha sacado nuevas materias como los plásticos que han invadido todos los mercados, incorporar la química a las refinerías a través de las llamadas petroquímicas. Esta fuente energética ha sido abundante y barata, pero solo por un tiempo. Su carácter no renovable y la adicción desarrollada hacia él, como si fuese infinito, han venido agotando y encareciendo dicha fuente. Durará por un tiempo y en la medida en que desarrollemos formas de vida que consuman poco petróleo.
Todo esto es importante porque el llamado proceso económico no es otra cosa que la transformación de energía y materia para satisfacer necesidades. Mayor crecimiento económico quiere decir entonces mayor transformación de una energía que no es renovable y de una materia que es finita; generando todo ello más contaminación ambiental cuya corrección requiere transformar más energía y más materia; todo ello a base de destruir la vegetación y las especies de animales que forman parte integral de nuestro medio ambiente. Sin vegetación a veces nos olvidamos, no hay vida.
Hasta cuándo trataremos de desconocer la ley de la entropía que la energía y la materia se transforma solamente en un sentido: de su forma útil y no útil; de disponible a no disponible; de aprovechable a no aprovechable; y de que, una vez cumplida la transformación, una energía o materia no puede volver a aprovecharse; no puede volver a repetirse el proceso con la misma energía y materia. Para repetirlo hay que utilizar energía y materia nueva que no ha sido transformada. Después que un motor ha consumido el combustible y lo ha aprovechado para mover su vehículo, el combustible ha quedado transformado de líquido gas, y sus moléculas han quedado esparcidas en el aire sin que podamos agruparlas nuevamente para volver a tener combustible líquido.
Estas realidades científicas vienen a ser tomadas en serio ahora que hay una crisis energética que ha puesto todo el sistema productivo en jaque. Y es cuando Georgescu-Roegen se pregunta: Escuchará la humanidad los programas que impliquen una limitación de su adicción al confort exosomático. Quizás el destino del hombre, nos continúa diciendo, es tener una corta pero atrevida excitante y extravagante vida, en vez de una larga, menos excitante y vegetativa existencia. Que las amebas, que no tienen ambiciones espirituales, sean las que heredemos una tierra que todavía se baña con bastante luz del sol”.
