
Lunes 5 de octubre de 1981
La crisis que vivimos en conjunto con el resto del mundo, ya lo hemos explicado, es estructural y se debe a que los tradicionales modelos utilizados, denominados de “desarrollo”, han venido violentando por demasiado tiempo e intensivamente, las leyes físicas de la termodinámica que regulan cómo es que funciona este plantea que habitamos. ¿Cómo puede funcionar a largo plazo, y qué sentido de responsabilidad para con las generaciones futuras tiene, un modelo que pretende buscar y mantener un crecimiento económico indefinido e ilimitado si nuestros recursos son limitados y finitos?
Lo que se impone ahora y se impondrá en el futuro, nos guste o no, es un modelo de evolución ecológica que se caracteriza por el reconocimiento de las siguientes premisas: 1. Las sociedades evolucionan. No revolucionan. Esta es una ley biológica que regula toda forma de vida. No podemos saltarnos etapas de nuestra evolución con revoluciones. Estas solo postergan y hacen más lenta y costosa nuestra evolución. De una u otra forma regresamos a la etapa en que estábamos cuando pretendimos saltar con una revolución. Y es que las revoluciones son conceptos inventados por los hombres que quieren intentar cambiar en su recorrido temporal por este planeta, la forma actuar de la sociedad que ha tomado miles de miles de años llegar a donde estamos. La naturaleza es más sabia que todos nosotros. No queremos aceptar cómo es que ella funciona sólo porque no se acomoda a nuestros planes de hacer un nombre, destacarnos y pasar a la historia. Lo que tenemos que hacer es encontrar nuestra propia velocidad de cambio en cada etapa de evolución. Cada pueblo tiene la suya. 2. El hombre es parte integral de la Naturaleza, sus recursos energéticos, naturales y materiales. No podemos explotar a la Naturaleza como algo independiente de nosotros, sino que tenemos que aprovecharla como parte de nuestra existencia de acuerdo con los ciclos biológicos que ella tiene para renovarse, a fin de que se genere la menor entropía posible, consumiéndolo a nivel que la Naturaleza se renueva. Y como los únicos recursos renovables son los naturales (no así los materiales como son los minerales) es en torno a estos que tenemos que rediseñar nuestra forma de vida para consumir según hemos logrado producir de acuerdo con los ciclos biológicos naturales de los recursos que nos alimentan y sustentan. Vamos pues, de una economía de recursos no renovables a otra de recursos renovables. Es lo único que tiene sentido y además se puede explicar científicamente. 3. Hay que ir abandonando paulatinamente (evolutivamente y no revolucionariamente) nuestra dependencia del uso intensivo de minerales que son los recursos finitos no renovables y que cada vez serán más escasos, más caros y más preciados. Estos hay pues, que conservarlos, no explotarlos ni agotarlos. Representan nuestro recurso más vital que es preciso preservar a toda costa para que dure y beneficie a la mayor cantidad de panameños a través de la mayor cantidad de años. En ellos y con ellos es que hay que ahorrar ahora. Más que ahorrar dinero hay que ahorrar conservando los recursos minerales. Esa es la mejor herencia para las futuras generaciones de panameños. 4. Nuestra prioridad serán los alimentos y tenemos que concentrarnos para autoabastecernos a como dé lugar. Solo un país que se autoalimente puede estar seguro de sobrevivir con dignidad. 5. Esta forma de evolución ecológica requerirá desarrollar el aspecto fundamental de nuestra existencia: nuestro potencial religioso o espiritual.
