Martes 28 de julio de 1981

El campesino y por lo general todo productor agrícola de nivel medio para abajo, ha sido objeto de todo tipo de experimento político; unos más demagógicos y otros más sinceros, que han dejado como saldo, el endeudamiento, el empobrecimiento, la destrucción de los recursos naturales, la infertilidad de la tierra y el desmejoramiento del precario nivel de vida del hombre de nuestro campo.

La economía agrícola se ha querido dirigir como quien considera la promoción de fábricas y almacenes; como si el desarrollo rural fuese equiparable al urbano. En verdad son dos mundos o realidades completamente diferentes.  Esta es la verdad que muchos políticos y técnicos se niegan a aceptar. La economía agraria ha superado las ideologías y demostrado que no hay teoría todavía aplicada a nuestro mundo occidental a la realidad del campo que lo haya interpretado correctamente.

El mismo Marx se sintió tan alejado de las fuerzas que explican las actitudes y comportamiento de la vida económica agraria, que dejo claras huellas de su sentimiento y frustración hacia el campesino. Por ejemplo, en el Manifiesto Comunista de 1848 denunció “la idiotez de la vida rural”. Y Engels habló de la necesidad de “aplastar el levantamiento del campesinado”, Stalin les declaró una guerra sagrada a los campesinos, y Marx llegó a señalar también que toda la historia económica de la sociedad está resumida en el movimiento de la antítesis de la división entre la ciudad y el campo. Sin embargo, no investigó la solución “científica” a esta antítesis. Y en verdad, en las economías o pensamientos capitalistas tampoco se ha logrado plantear estudios válidos que respondan a ese problema.

No existen paralelos entre las leyes económicas del campo y de la ciudad. Por ejemplo, las leyes de la producción en escala son diferentes entre la producción agrícola e industrial. Los ciclos del clima, de la tierra, y los períodos de gestación tanto de los animales como de las cosechas constituyen limitaciones que restringen necesariamente la producción, como nos sucede en las industrias.

Los gobiernos centralistas tradicionales le tienen pánico a un campesinado fuerte e independiente.  Prefieren tenerlo sometido y dependiente a base de promesas y experimentos de planes “modernos” de liberación de la explotación latifundista, liberación que, por supuesto, nunca llega porque no puede lograrse con ese enfoque equivocado del problema.

Los problemas que indudablemente tiene la economía rural han sido creados por el concepto de desarrollo urbano que ha distorsionado y erosionado las condiciones de vida en el campo. 

La emigración del campesino por el sueño de una mejor vida en la ciudad y la invasión al campo de la televisión no educativa y de empresas capitalistas, han creado dos corrientes inversas de recursos que, juntas, han afectado, paradójicamente la economía agraria.  La inyección de capital con tecnología explotadora de la tierra y deshumanizante del campesino, que funciona con grandes volúmenes de mercado utilizando técnicas de capital intensivas para el monocultivo, fertilizantes, pesticidas, herbicidas y fungicidas químicos; ¿cómo puede promover una economía agraria con familias productoras independientes que no estén sometidas a esas empresas capitalistas?

Los valores cuantitativos de los procesos industriales de economía en escala o intensivos en capital que han venido siendo utilizados, no son compatibles con los valores cualitativos y ciclos naturales que regulan el aprovechamiento (no explotación) de la tierra y demás recursos naturales.

Las ciudades funcionan altas en entropía y los sectores rurales bajos en entropía. Modernizar la agricultura de acuerdo con los patrones de la revolución industrial, intensivos en equipos, productos químicos y combustible no renovable, ha sido uno de los grandes errores del siglo 20. El campo tiene sus propias reglas del juego que no pueden alterarse por mucho tiempo sin apreciar los negativos resultados, que obviamente afectan a los que viven y dependen de él.

Y en materia de prioridades, ¿qué es más importante? ¿La producción de alimentos o la producción industrial? La humanidad no puede subsistir sin los alimentos que produce la tierra. Todo lo demás es secundario. Sin embargo, parece que se han invertido los valores en el siglo 20.

Esto no puede continuar y debe cambiar. Es más, las leyes físicas de la termodinámica y el fenómeno de la entropía están obligando al hombre a corregir el rumbo errado de su comportamiento de adicción al consumo y al concreto. Los panameños tenemos que estar en el liderazgo de estos cambios. Tenemos que saber cambiar en vez de ser cambiados.  Comprender a tiempo en vez de acabar sometidos.