13 de enero de 1981

En Panamá el 49% de la población vive en centros urbanos y está concentrada casi en su mayoría en el área metropolitana de la ciudad de Panamá.  San Miguelito creció entre 1970 y 1980 en aproximadamente 100 mil personas; la mayor concentración de población en toda la República, incluyendo la ciudad capital.

La gran ciudad o capital representó para el campesino un lugar de mejores comunidades, diversiones y oportunidades, no sólo en educación sino en trabajo; y por eso han emigrado del interior del país hacia la capital.  Esta migración ha recargado exageradamente la demanda de servicios básicos de vivienda, electricidad, agua, alcantarillado, calles, transporte, clínicas, hospitales, escuelas, policía, y sobre todo de trabajo. En cambio, la ciudad capital no ha recibido las inversiones suficientes para hacerle frente a esa exagerada y creciente demanda de servicios públicos y de oportunidades de empleo.

El surgimiento de grandes centros urbanos exigió cambios en la producción agrícola porque el sistema tradicional manual utilizado no podía rendir lo suficiente para alimentar a concentraciones urbanas de población que no contribuían a producir sus propios alimentos.

Una ciudad de un millón de habitantes requiere, según los entendidos, 4 millones de libras de comida al día. Sin un sistema de transporte y producción de alimentos que funciona a base de combustible, la ciudad no podría ser abastecida con esa cantidad de alimentos. El incremento excesivo del combustible y su ya conocida y proyectada escasez, pone en peligro la subsistencia de los grandes centros urbanos. Y si a los factores energéticos le añadimos la incapacidad y negligencia gubernamental que dilapida recursos inyectando dinero a la economía sin que esté relacionado con producción, tenemos la persistente inflación que hace insoportable el costo de la vida en los grandes centros urbanos.     

Una ciudad de un millón de habitantes requiere diariamente cerca de 9,500 toneladas de combustible y 625 mil toneladas DE AGUA POTABLE. El edificio de la SEARS en la ciudad de Chicago usa más electricidad que una ciudad de 150 mil habitantes, tiene 80 millas de cables para sus elevadores y suficiente concreto para pavimentar 78 campos de fútbol.

Y cuando llegamos al problema de la basura nos encontramos con la lógica consecuencia del desperdicio que produce el consumo masivo de alimentos y que crece geométricamente mientras crece la población concentrada de una ciudad. Los grandes centros urbanos del mundo se enfrentan a 2 disyuntivas hoy día: o queman la basura, lo que aumenta el consumo de energía y produce más contaminación ambiental con los gases que se emiten en el proceso; o empacan la basura y la despachan por ferrocarril a otras áreas menos pobladas, lo que demanda también consumo de más energía. 

Las elevadas concentraciones de población en centros urbanos generan un consumo altísimo de energía o combustible, y produce una mayor ENTROPIA.

Con el costo exorbitado de la energía y el hecho de que eventualmente se agotarán las fuentes de petróleo y carbón porque son no-renovables, la humanidad no puede ir concentrándose en grandes ciudades como lo han estado haciendo.