
Domingo 7 de febrero de 1982
Seguimos con el diálogo Toynbee Ikeda. Según el budismo la suerte de un individuo está determinada por las propias acciones de éste (su Karma).
De acuerdo con el Karma, cada uno de nosotros tiene una cuenta corriente moral en la que se anotan nuestras acciones positivas y negativas; y cada acción cambia, por lo tanto, el saldo de la cuenta. Esta tesis presupone la hipótesis de que no nos extinguiremos con la muerte y de que existimos antes de nuestro nacimiento. El saldo de nuestro Karma lo llevamos a través de las vidas que logramos alcanzar, y explica la buena o mala suerte que tenemos. Los cristianos coincidimos con los budistas en creer que no nos extinguiremos con la muerte. Sin embargo, si bien los cristianos no creen que el hombre reaparezca otra vez en este mundo, creen que nuestra alma es inmortal y que su destino último es el cielo o el infierno. Los cristianos sostenemos también que la suerte está determinada por un Dios omnipotente que creó el Universo y dirige su curso hacia una meta fijada por él mismo. Las concepciones del destino son muy diferentes según se crea que la vida es estrictamente una sola y de este mundo o que ella es eterna. Pero, tal como lo pregunta Ikeda, si el destino de uno comienza con el nacimiento y termina con la muerte, ¿por qué nacemos todos tan diferentes? Si el Dios omnipotente fuera justo nos daría a todas iguales oportunidades, desde el comienzo; pero eso no ocurre. Por eso Toynbee cree que el Karma desempeña un papel mayor que el que le atribuimos los occidentales. Ha experimentado directamente en su propia vida los efectos del Karma y también ha sido testigo de ellos en la vida de otras personas que conoce. También comprueba que la ley del Karma afectó la historia de comunidades e instituciones. Ejemplos: en el siglo 17 el pueblo inglés se manifestó políticamente violento; emprendió una guerra civil, condenó a muerte a su Rey y se impuso un gobierno militar en lugar de la monarquía absoluta. Esta experiencia desilusionó a los ingleses y renunciaron a la violencia en su política. En este caso, dice Toynbee, el pueblo inglés logró convertir un saldo negativo en su cuenta del Karma en un saldo positivo.
Otro ejemplo: en el siglo 18 y 19 los industriales de Gran Bretaña explotaban despiadadamente a los obreros. En el siglo 20 la clase media británica, arrepentida, concedió voluntariamente mayor justicia social a los obreros, pero éstos ya se habían organizado en sindicatos, para protegerse. Ahora, estos sindicatos tienen la fuerza para estar a la ofensiva y ejercer poder; y lo ejercen tan despiadadamente como se lo aplicaron a ellos. En este caso el pueblo inglés trató de convertir el saldo negativo en su Karma en positivo, pero no logró.
