Martes 5 de enero de 1982

No, no se trata de una Comisión designada por el Presidente Royo sino por Jimmy Carter y que rindió su informe en marzo de 1980 sobre el hambre en el mundo.  Es un informe franco y revelador, que ha sido poco difundido; quizás porque, como dice él mismo, los gobiernos de los países no quieren comenzar por aceptar que su población padece de hambre y desnutrición. El problema más grande relacionado con el hambre en el mundo es la desnutrición; la que resulta cuando la gente consume menos calorías y proteínas que las que sus cuerpos requieren para llevar una vida activa y sana. Lamentablemente, los medios de comunicación le prestan poca atención al problema de la desnutrición, a pesar de que ocasiona la muerte a millones de seres humanos. La falta de calorías y proteínas es raramente la causa de la muerte, pero la desnutrición mata indirectamente al aumentar la vulnerabilidad de la víctima a las enfermedades infecciosas (especialmente las gastrointestinales y respiratorias). Y cuando no mata deja las huellas permanentes de daños físicos y mentales irreversibles en los ciudadanos de nuestros países. Además, las familias pobres tienen tendencia a tener más hijos que las familias de mayores recursos. Por eso, la poca comida que pueden comprar alcanza menos mientras más hijos hay. Y los niños más jóvenes son los más afectados en la distribución de la comida en la familia pobre.

La causa de la desnutrición es el hambre y la causa principal del hambre es la pobreza. Ambos van acompañados por una mala salud, ignorancia, desempleo, familias numerosas, viviendas inadecuadas, agua potable contaminada y alcantarillados abiertos.

La lucha contra el hambre debe ser doble; atacar la causa y los síntomas. Como quiera que el hambre y la pobreza están íntimamente metidas en las relaciones económicas y políticas, se requieren cambios fundamentales en la tenencia de la tierra, producción de alimentos, comercio y financiamiento para que los países en vías de desarrollo puedan romper el ciclo del hambre, pobreza, productividad agrícola baja, desempleo, altas tasas de natalidad y enfermedad.

Se ha comprobado que el 75% del aumento en el ingreso nacional de los países del Tercer Mundo (Panamá entre ellos) ha ido a beneficiar al 40% de las familias más ricas de la sociedad. El fracaso de las estrategias y reformas fiscales en combatir la pobreza, el hambre y la desnutrición, están obligando   a los gobiernos responsables que no rehúyen el problema, a adoptar políticas alternativas de desarrollo conocidas como producto del “enfoque de las necesidades básicas”. Su meta es mejorar en particular las condiciones de vida de los más pobres primero.

No solamente con riqueza nueva (con crecimiento económico) sino mejorando la distribución de la riqueza que anualmente producen los medios de producción que existen actualmente en el país, es como se puede atacar el hambre y la pobreza.  Los cambios requeridos para lograrlo pueden ser violentos como en la Unión Soviética, China, Cuba y Nicaragua; o con cambios menos abruptos como en Corea del Sur y Taiwán.  Estos cambios son políticamente los más sensitivos y pocos son los líderes que se atreven a plantearlos. En muchos casos amenazan la vida y estabilidad de los gobiernos, quienes por sobrevivir pretenden ignorar el problema.