
Viernes 9 de octubre de 1981
Mientras el dinero en el mundo cada día vale menos y de la comida para arriba todo cuesta más; mientras los sueldos se quedan cada vez más atrás empobreciendo más a los pobres y aumentando la desnutrición de la población; cada vez hay más panameños que nacen menos capaces de poder llegar a ser autosuficientes por los efectos de esa deficiente alimentación. Y, mientras todo este trágico panorama mantiene su lazo de verdugo alrededor del cuello del pueblo panameño, apretando poco a poco y asfixiando lentamente, seguimos pensando en defendernos con las armas tradicionales que ya han fracasado una y otra vez en los modelos de la sociedad y desarrollo que hemos venido viviendo en este siglo 20; o sea, queremos defendernos ganando más plata, ahorrando más y consumiendo más cosas confortables que no son necesarias, sin importarnos de la suerte de la inmensa mayoría que nos rodea.
El petróleo, ya se sabe, comienza a agotarse y no durará para siempre. Sin embargo, ese recurso energético barato de que disfrutamos tantos años. ¿para que sirvió? El porcentaje de la población mundial que sufre de hambre y pobreza ha venido lentamente aumentando. Los próximos años se verán agravados por escasez de casi todo y comenzando por los alimentos que es lo más básico y elemental. El próximo 16 de octubre se celebra el día mundial de la alimentación, las Naciones Unidas está alarmada de que hemos llegado a depender, a nivel mundial, de la cosecha del “año” para comer; pues se han acabado las reservas. De nada ha servido el adelanto de la petroquímica con sus fertilizantes y fungicidas, e insecticidas, para solucionar los problemas a largo plazo. Sirvió eso sí para perder tiempo en poner en práctica un modelo de economía que solo podía funcionar unos cuantos años y dejando como saldo una inflación irreversible. Y todavía hay quienes ilusamente piensan que el encontrar petróleo en nuestro suelo sería la salvación. Vayamos a Venezuela a comprobar si el tener petróleo representa ser capaces de resolver los problemas de nuestra población. Todo, por el contrario, crea la sensación en la gente de que no hay de qué preocuparse y por ello no es necesario hacer esfuerzos ni prepararse.
La verdad es que el capital de que disponemos en la Tierra consiste en dos fuentes: 1. Del inventario de recursos minerales (energéticos y no energéticos) que forman parte de la corteza terrestre; y 2. Del flujo de radiación solar (energía) que nos llega a la Tierra todos los días.
Los recursos minerales, como inventario que son, son limitados y de nosotros depende la velocidad con que serán usados; y por ello, agotados por nosotros mismos.
Estos minerales no son renovables y explotarlos conlleva “comernos el capital” o la riqueza con que contamos. Siendo esto así, lo último que quiere hacer un empresario es comerse su capital. Y resulta lógico porque después de que se lo coma, ¿con qué se queda? No tiene forma de garantizar créditos para operar; y como en este caso ese capital no se puede renovar, no es posible, comenzar de vuelta y volver a hacer fortuna.
La energía solar, en cambio, se renueva todos los días e independiente de nuestra voluntad. Hagamos, lo que hagamos, todos los días nos llegará la radiación solar.
A veces no realizamos o tomamos conciencia de que todo en la Tierra funciona gracias al sol. La última energía que mantiene la vida en el planeta es el sol; ese sol que durante miles de millones de años nos ha estado bañando con energía gratuita y que no hemos querido aprender a utilizar. En vez de ver hacia el cielo y encontrar en él al Sol, hemos preferido darle la espalda y perforar la tierra para buscar en sus intimidades otras riquezas energéticas, que el mismo sol ha ayudado a crear durante todo el tiempo. Hemos preferido intensificar la explotación de lo que se agota, del capital que no podemos renovar. Hemos querido diseñar una economía que nos descapitaliza día a día, que nos empobrece día a día. Como si ese capital terrestre tuviese mucho valor. Y lo tiene; pero ¿cuánto en comparación con la fuente alternativa de energía que es el sol? ¿Cuánto vale la tierra, con todo su potencial, en relación con la energía solar? Pues los estimados más favorables señalan que todos los recursos energéticos de la tierra no exceden la cantidad de energía utilizable que recibimos del sol durante solo cuatro días. Y parte de esos cuatro días (menos de una semana) es la que nos hemos venido, y queremos seguir, comiéndonos con apetito voraz pensando que vale mucho y que puede durarnos para toda la vida.
