Martes 18 de agosto de 1981

Si la primerísima prioridad de las necesidades humanas está en la “alimentación”,antes que nada, y los productos alimenticios son obtenidos con energía, (gasolina o diésel para operar los tractores, y bunker para las industrias) y/o otros bienes que son dependientes de la energía (pesticidas; herbicidas; fungicidas y fertilizantes químicos; empaques plásticos o metal, etc.); y transportados a la ciudad en camiones que consumen diésel; y esa energía cada día se hace (irreversiblemente) más cara por su escasez y costos marginales de obtención; encareciendo constantemente el precio de venta de la comida y desatando o contribuyendo a empeorar un proceso inflacionario que azota al mundo; entonces no parece haber otra solución más evidente que la de declarar la producción de alimentos de “interés-social” y otorgarle una situación privilegiada y preferencial, para que sus costos bajen y/o dejen de crecer. Así pues, de la misma forma en que los hijos tienen que ser subsidiados por sus padres para poder sobrevivir y educarse, a fin de que al madurar puedan incorporarse a la fuerza productiva del país; de la misma forma habrá que subsidiar el sector agropecuario que atraviesa una crisis de tipo estructural debido al modelo de economía industrializada y urbanista que se ha seguido, (dependiendo 100% de una energía no renovable) pues en estos momentos (y mientras no logremos cambiar a un modelo de economía que descanse sobre recursos renovables) es totalmente incapaz de poder suministrar alimentos al resto del país a precios baratos. Y es, simplemente imposible producir barato porque los recursos que el sector utiliza para producir ya no son baratos como antes, ni estos mismos volverán a serlo en el futuro.

Debe iniciarse una campaña clara en el sentido de que la producción de alimentos Tiene que ser subsidiada por todos (empresa pública y privada). Todo el sector agrícola entra en una estructura productiva de costos “reales y “especiales”. Hay que eliminar poco a poco todos los impuestos y cargas sociales que gravan a todos los factores o medios que se usan en la producción alimentaria: tierra, equipos, materias primas, capital (propio o prestado) y mano de obra. Las ciudades tendrán, en pocas palabras, que subsidiar al sector rural que produce alimentos, si es que los que habitamos las ciudades queremos alimentos más baratos.

¿Por qué emigra el campesino hacia la ciudad capital? Si nuestro campesino considerase que podría vivir mejor en el campo que en la ciudad, pues no emigraría. Entonces, esta obvia y sencilla realidad obliga a tener que aceptar que si queremos retener al campesino en el interior del país hay que darle lo que él va a buscar a la ciudad o su equivalente. Si no hay una plena conciencia de esta necesidad, el problema alimenticio se agravará a proporciones gigantescas hasta forzar soluciones de violencia que exigirán una seria cuota de sangre y vidas. Se trata de un mecanismo de redistribución de recursos para asegurar una continuidad, sin violencias, de la sociedad.

Todo en la vida tiene un precio y todo en esta vida se paga, de una u otra forma. El haber diseñado y construido una forma de vida con recursos energéticos no renovables como si fuesen renovables, y utilizando materias primas como si fuesen infinitas, tiene su precio y ya lo estamos pagando. Pretendimos ignorar las leyes físicas de la Termodinámica y el fenómeno de la Entropía por la abundancia momentánea de un recurso energético barato. Pero la Naturaleza ya nos ha exigido cuentas y nos obliga a reducir la entropía si queremos sobrevivir sin inflación y si pensamos en las futuras generaciones con las que tenemos una indeclinable responsabilidad. Si por permanecer en la ciudad no queremos pagar el precio de tener que subsidiar a los productores de alimentos, tenemos la opción de irnos al campo y contribuir a producirlos nosotros mismos y hacernos acreedores al subsidio. Si preferimos quedarnos en la ciudad, tendremos que pagar el precio que ello implica (si podemos).  Si no podemos pagarlo no habrá más alternativa que arrancar para el otro sector, donde estoy seguro se vivirá mejor que en la ciudad por muchas décadas.