
Martes 7 de julio de 1981
El mundo avanza inexorablemente hacia un nuevo tipo de sociedad mucho más eficiente, consciente e integral. La misma revolución industrial que con su tecnología generó abundancia para unos y expectativa ilusa para otros, está llevándonos por mandato de la naturaleza y las leyes físicas de la termodinámica que regulan nuestra existencia, hacia una nueva sociedad que será la antítesis del modelo perseguido por el Sur y vivido por el Norte. La sociedad de consumo que desarrolló la humanidad con los inventos, gracias a una fuente energética barata como lo fue el petróleo, está llegando a su final. El petróleo, que al planeta Tierra le tomó millones de años acumularlo, el hombre se lo ha “disparado”, como quien dice, en 150 años. Un recurso que pudo haber durado para muchas más generaciones de haberse explotado racionalmente, pondrá en aprietos prematuros a la humanidad que no se preparó para su escasez.
Incluso los adelantos científicos en el campo de la salud trajeron miseria y tragedia para el tercer mundo. Lo único que llegó a los países más atrasados en este siglo fueron las medicinas y vacunas que disminuyeron la mortalidad y aumentaron el número de gente hambrienta y sin trabajo. Las fuentes de trabajo para que los hombres y mujeres del tercer mundo pudiesen alimentar a sus familias, no llegaron. Si llegó, sin embargo, el medio de propaganda de una sociedad de consumo que torturó y distorsionó a un tercer mundo que quiso tener entonces los bienes materiales suntuarios que se convirtieron en símbolo de éxito y progreso.
Como quiera que la revolución industrial ha logrado las fuentes energéticas baratas y ha generado una inflación irreversible, solo nos queda cambiar de forma de vida para salirnos de esa espiral viciosa que más temprano que tarde nos conducirá al caos. Ya sabemos para dónde vamos; entonces lo responsable es prepararnos para el cambio. Tenemos que amortiguar el “choque” en forma planificada y eficiente.
La nueva sociedad requiere que diseñemos formas de producción y consumo que no utilicen la energía tradicional ni las maquinarias que se construyen con ella. Hay que utilizar técnicas intensivas en mano de obra pues el desarrollo tecnológico nos ha dejado elevados niveles de desempleo a base de sustituir a hombres por máquinas.
Hay que disminuir al máximo el papel que ha venido jugando el transporte en la alimentación de nuestras poblaciones. Obviamente esto se debe a que la energía hará cada vez más prohibitivo el transporte de cosas y personas de un lugar al otro. Para ello tenemos que pensar en comunidades más autosuficientes que no requieren traer de otros lugares las cosas que no se han venido produciendo en ellas. Mientras se descubren y ponen en operación fuentes energéticas renovables que sean baratas, cada comunidad tendrá que dedicarse simplemente a sobrevivir produciendo sus alimentos para alimentarse. Las ciudades grandes irán desapareciendo para dar paso a la antigua comunidad rural autosuficiente. El fenómeno de la centralización de la población que produjo la revolución industrial se revertirá para devolver mano de obra al campo acabando con la miseria y desempleo que padecen los millones de familias que rodean todas las ciudades del mundo en las conocidas casas brujas o tugurios. Tenemos que pensar en la descentralización de la población de la forma de vida y de la economía. Tenemos que olvidarnos por un buen número de años (muchas décadas) de construir obras que dependen de la energía tradicional, no solo para su producción sino para su mantenimiento y conservación. Tenemos que olvidarnos de los bienes suntuarios y costosos para concentrarnos en los sencillos, manuales y económicos.
Cambiar de valores requiere tiempo y educación. Por eso tenemos que comenzar cuanto antes. No se trata ya de ideologías y sistemas políticos; se trata simplemente de leyes físicas que han sido violadas por el hombre, tanto en los países capitalistas como socialistas, a base de explotar inmisericordemente todos los recursos naturales del planeta para construir tal número de máquinas (militares y no militares) y estructuras para sustituir el trabajo manual, que hacen física y económicamente (la escasez por agotamiento de la fuente encarece los bienes) imposible continuar con el mismo sistema de producción y de consumo.
La nueva sociedad que formaremos nos espera; y tenemos la ventaja (paradójica) del atraso. Avancemos pues, capitalizando nuestras aparentes desventajas y comencemos la tarea de rediseñar la nueva sociedad panameña, que es tarea de todos.
