Martes 30 de junio de 1981

El petróleo, como fuente de energía barata, permitió una serie de cambios en el mundo contemporáneo que fueron considerados como avances tecnológicos que dejarían atrás para siempre a la forma de producción y consumo que mantenía la humanidad. De una sociedad lenta en producción y distribución nos convertimos en una sociedad de producción en serie gracias al aumento en la productividad; que además concibió un sistema de transporte que permitió trasladar no solo la comida de un lugar a otro, sino personas y toda clase de bienes de consumo para hacer la vida más cómoda y placentera. Se desarrolló el concepto de potencia y velocidad y todas las máquinas de diferentes marcas competían en ser más potentes y más veloces, ya fuesen carros de transporte personal, colectivos, aviones, camiones, tractores, grúas, dragas, tanques, armas, balas y misiles, y hasta barcos de guerra, de placer o de carga de bienes o personas. Se pensó que la fuente energética que permitía todo ese adelanto sería infinita e ilimitada.

La revolución energética logró sustituir la producción natural que hacía manualmente el hombre por la producción sintética de productos químicos inorgánicos procesados por máquinas sofisticadas. El concepto “productividad” consistió en concebir máquinas que aumentarán la producción de que es capaz un hombre. Más productividad era pues, sinónimo de desempleo automático. Si una máquina hace el trabajo de 5 o 10 hombres y puede trabajar sin estar amparado por un código de trabajo ni formar parte de un sindicato, ¿cómo no iba a ser adquirida por todas las fábricas del mundo, ya sea que se tratase de un país capitalista o socialista? En uno se producía el desempleo y en el otro se trasladaban personas de una fábrica para el ejército o la burocracia.

La química se ha dado gusto con el petróleo obteniendo productos que no existían. Fibras sintéticas, plásticos, detergentes y pesticidas. La industria del petróleo se unió a la química para producir la petroquímica, que se encarga en una refinería de procesar el petróleo crudo a base de someterlo a diferentes temperaturas para diluirlo hasta ir vaporizándolo.  Los primeros gases que se obtiene en el proceso son el etano, propano y butano; luego se saca la gasolina y en orden descendiente va obteniéndose el combustible para los jets (kerosene), el diésel, el bunker y los aceites pesados. El residuo produce asfalto y cera. Pero esto no es todo pues la química siguió trabajando. Por ejemplo, al separar el gas etano y someterlo a su vez a mayores temperaturas se obtiene etileno que se reactiva con el cloro para formar luego el vinil y el que a su vez se procesa para convertirlo en plástico vinílico y sacar de él tapicería, pisos, suelas y variedades de zapatos y todo tipo de productos plásticos. El complejo petroquímico más grande de los EUA está localizado cerca de Houston y se aprecian a docenas de diferentes plantas unidas entre sí y por miles de tuberías integrando cada vez nuevos procesos para ir refinando más y más hasta sacar la mayor cantidad de productos nuevos del bendito y milagroso petróleo. La petroquímica se ha considerado como un éxito de la ciencia y el símbolo del progreso tecnológico. Sus productos han invadido y se han apoderado de los mercados de textiles, muebles comerciales y residenciales, pinturas y materiales de construcción. Los agricultores de algodón y los ovejeros que nos suministraban la lana han sido reducidos a su mínima expresión frente a la competencia de los productos petroquímicos que se vendían más baratos.  De igual manera los jabones hechos de aceites naturales y grasa han sido desplazados por los detergentes químicos; el caucho natural por el sintético; los plásticos compiten con la madera y los pesticidas con los pájaros e insectos que eran atraídos por el cultivo diversificado para combatirlos bichos-pestes. El monocultivo moderno exige más fertilizantes y pesticidas que abusan de la capacidad productiva de la tierra, todo con el propósito de hacerla más productiva.

La verdad es que los agricultores que se han querido modernizar para ser más productivos han quedado con tierras menos fértiles y menos productivas; más dependientes de pesticidas y fertilizantes químicos cada vez más caros por ser derivados del petróleo; más dependientes de maquinaria agrícola más cara que requiere combustible y aceites cada vez más caros para funcionar. Podemos seguir evaluando los demás sectores económicos modernos que han sido invadidos por la Revolución Plástica y en cada uno de ellos llegaremos a la misma conclusión: el saldo de beneficios que nos queda es negativo y encima de eso (afortunadamente) no puede continuar. Entonces preguntamos nosotros: ¿Qué nos trajo la revolución energética?