
Domingo 7 de junio de 1981
En Contrapunto advertí que tendremos que olvidarnos de hacer crecer el Producto Interno Bruto como muestra de nuestro desarrollo. Mientras más recursos dediquemos a tratar de hacerlo crecer, tanto más se dilapidarán los créditos limitados de que disponemos, y tanto más nos hundiremos hasta desaparecer.
La carrera del crecimiento se acabó si queremos subsistir. Por un tiempo será como cuando el hombre comenzó a evolucionar. Su éxito era simple y llanamente sobrevivir; su fracaso fallecer – la muerte.
La nueva estrategia se fundamenta en un enfoque radicalmente diferente al que hasta ahora ha prevalecido y este es el problema que tienen los estadistas, planificadores y economistas tradicionales. No pueden adaptarse porque no saben cómo. Sus conocimientos y herramientas usuales no sirven ni funcionan. Tienen que aprender las reglas del juego que impone la termodinámica y la entropía. Afortunadamente es factible, aunque no fácil si deciden adaptarse, y adoptar una actitud receptiva, creativa y flexible.
La idea en la nueva estrategia del desarrollo no es lograr cambios cuantitativos positivos sino cambios cualitativos que permitan una mayor y mejor redistribución de la riqueza nueva que puede ser generada dentro de un mismo nivel de Producción Nacional, cambiando o transformando consumo suntuario en dos cosas: consumo básico y ahorro. Este ahorro a su vez permitirá mantener un nivel adecuado de inversión para que no descienda el nivel global de satisfacción de necesidades. Los slogans positivos son pues, conservación, funcionalidad, eficiencia, productividad, ahorro, inversión; y los negativos: a reducir los gastos innecesarios, los lujos, los excesos y los abusos.
El reto es: ¿Cómo con un nivel “x” de riqueza nueva que se produce todos los años, se puede hacer el sistema económico más eficiente para que genere una mayor proporción de ahorro? Hay que reducir el consumo de aquellas cosas que son de lujos y que impiden el consumo de los bienes y servicios necesarios para llevar una vida decorosa. Aclaremos más.
No se trata de redistribuir la riqueza existente o pasada. Todos los años generamos nueva riqueza, pero muy deficiente.
Tan ineficientemente que no logramos mantener o alcanzar un nivel adecuado de vida cuando esa riqueza sí alcanza, si es bien administrada por cada uno de nosotros cuando la recibimos. Nosotros mismos somos los dilapidadores, los ineficientes, los derrochadores, los botarates. Cada uno de nosotros cuando recibe su ingreso semanal o quincenal. Cada hombre y mujer que trabaja, cada empresa que opera; cada accionista; o arrendador que cobra o recibe sus ingresos en forma pasiva; cada Junta Comunal que recibe su subsidio; cada municipio que cobra sus impuestos y recibe también subsidios; cada entidad autónoma que recibe sus ingresos por los servicios que presta; y finalmente el Gobierno Central con sus Ministerios que administra un presupuesto en base a; 1) los impuestos que pagamos todos los que vivimos en Panamá; y, 2) en base a los préstamos que contrata a nombre de tanto de los que viven como de los que no han nacido todavía, pero que se espera que produzcan oportunamente para pagar esas deudas.
