
Martes 19 de mayo de 1981
Un importante aspecto de los cambios que nos depara la evolución histórica, al abandonar los combustibles derivados de energías no renovables para entrar a disfrutar de fuentes renovables como la energía solar, (que será, sin lugar a duda, la energía del futuro) consiste en que la electricidad dejará de ser producida en las costosas centrales eléctricas dedicadas a vender su energía como un servicio público.
La energía solar permite que cada usuario del actual servicio instale su propio equipo para captar o interceptar los rayos que nos envía el sol a la tierra y que recorren 93 millones de millas en sólo 8 minutos, y utilizarlos para calentar agua y producir la electricidad necesaria para que funcionen todos los electrodomésticos que utilizamos. Este es parte del efecto “descentralizador” de la energía solar.
La ventaja de la energía solar frente a los actuales costos de los servicios eléctricos que vienen y seguirán por un tiempo sofocando la economía familiar, es triple: por un lado reducirá drásticamente el costo mensual; luego, permitirá volver a conectar, o por primera vez conectar, una serie de aparatos que no podíamos utilizar para nuestro confort porque era demasiado costoso pagar el precio de la energía que consumen; y después permitirá descansar y dormir tranquilo porque no existirá más la pesadilla hecha realidad, de que al amanecer se han anunciado nuevos aumentos en el costo de la energía. La energía solar es, pues anti-inflacionaria, y será la tabla de salvación frente a la vorágine de consumo que se ha construido con los grandes capitales a base de una energía no renovable. Sólo estos grandes capitales que tienen tanto en juego con el actual sistema ineficiente vienen demorando los adelantos tecnológicos que son posibles a base de la energía solar.
La energía solar nos librará también de la famosa ley de rendimientos decrecientes que se aplica a los recursos no renovables. Cada barril de petróleo que se saca de la tierra hace más costoso el próximo por la escasez de la misma fuente y requiere más capital invertido por unidad producida. Esto no sucederá con la energía solar. Cada unidad costará lo mismo. Es más, no hay ahorros con mayor volumen; y así los grandes capitales no podrán afectar a los pequeños productores-usuarios. No existirán monopolios de la energía solar porque su característica natural lo impide. Y este es uno de los principales problemas. Los grandes capitales que pueden investigar y desarrollar la tecnología no pueden monopolizar su explotación como con las demás fuentes energéticas tradicionales, y por ello no invierten en la energía solar, sino que prefieren desarrollar otras fuentes alternativas de corte no renovable que resulta muchísimo más rentable (a costilla del consumidor).
